¿Qué come (y bebe) un profesional en el Giro de Italia?

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Bikeitalia

Índice
  1. 1.¿Qué come (y bebe) un profesional en el Giro de Italia?
  2. 2.El plan empieza semanas antes
  3. 3.En carrera: comer es parte de la competición
  4. 4.La hidratación: no solo agua
  5. 5.Después de la etapa: los primeros minutos lo son todo
  6. 6.Qué podemos aprender de los profesionales
¿Qué come (y bebe) un profesional en el Giro de Italia?

Tres semanas de carrera, 21 etapas, más de 3.000 km. Detrás de cada rendimiento hay un plan nutricional preciso, sin dejar ningún detalle al azar. Así es como funciona realmente.

Ver el Giro de Italia en la pantalla o al borde de la carretera significa contemplar el atletismo en estado puro. Pero lo que no se ve es la arquitectura invisible que sostiene a los corredores: la gestión de la energía, etapa tras etapa, hora tras hora, sorbo tras sorbo.

La nutrición en las grandes vueltas no es un simple detalle operativo. Es una disciplina en sí misma, con profesionales dedicados, protocolos rigurosos y una variable que muchos subestiman: el timing.

El plan empieza semanas antes

Llegar al Giro con las reservas de glucógeno llenas no es algo que se improvise el día antes de la primera etapa. Los nutricionistas del equipo elaboran el plan alimentario en las semanas previas, ajustando la ingesta de carbohidratos según el tipo de corredor — escalador, sprinter, rodador — y el papel que desempeñará en carrera.

El desayuno es el primer punto estratégico del día. Se toma varias horas antes de la salida y ya está lejos del antiguo «plato de arroz blanco»: porridge, tortilla, pancakes, pan, y un snack proteico cerca de la hora de la salida. No es comfort food — es combustible planificado.

En carrera: comer es parte de la competición

En la fase de «transferencia», cuando el ritmo todavía es bajo, los corredores recurren a las musettes entregadas por los masajistas: bocadillos dulces y salados, alimentos sólidos que combinan palatabilidad y densidad energética. Cuando la carrera se pone seria — cuando el equipo se coloca en cabeza o se lanza un ataque — se pasa al formato líquido: geles, maltodextrinas, fructosa en el bidón.

«El ciclismo es un deporte de situación. La meteorología adversa, el recorrido y las situaciones de carrera pueden hacer que se olvide comer y beber con regularidad, provocando bajadas de energía difíciles de recuperar.» Gorka Prieto‑Bellver, nutricionista del UAE Team Emirates

La frecuencia ideal es cada 15 minutos desde el inicio de la etapa. No es una recomendación genérica: los corredores la conocen de memoria y, cuando se distraen, es el director deportivo desde el coche quien se encarga de recordárselo.

La hidratación: no solo agua

Cada mañana, antes de la etapa, nutricionistas y médicos controlan el estado de hidratación de los corredores mediante un análisis de orina. Los datos obtenidos guían las indicaciones sobre cuántos líquidos ingerir a lo largo del día. El agua por sí sola no es suficiente: quienes sudan mucho y se rehidratan únicamente con agua empeoran el equilibrio electrolítico en lugar de restablecerlo. Sales, sodio, potasio y magnesio deben estar presentes en el bidón.

El bidón no es un simple recipiente — es una herramienta.

En las grandes vueltas, el bidón es el principal vehículo de aporte líquido y energético en movimiento. Flujo regular, apertura rápida, ausencia de fugas: detalles que, a 80 km/h en un descenso o en fases intensas de carrera, marcan la diferencia entre hidratarse… o no hacerlo.

Después de la etapa: los primeros minutos lo son todo

Nada más cruzar la línea de meta se abre lo que los nutricionistas llaman la «ventana de recuperación»: un intervalo en el que el organismo está especialmente receptivo para absorber los nutrientes ingeridos. Desaprovecharla significa retrasar la recuperación y presentarse a la siguiente etapa con las reservas aún parcialmente vacías.

El protocolo estándar prevé primero una mezcla líquida de recuperación (carbohidratos y proteínas en una proporción 3:1), y después una cena completa que cierra el balance energético del día. Durante 21 noches consecutivas.

Qué podemos aprender de los profesionales

No hace falta correr el Giro para aplicar estos principios. El timing de la alimentación, la hidratación con electrolitos y la ventana de recuperación después de la salida son hábitos que mejoran el rendimiento a cualquier nivel. La diferencia entre un corredor profesional y un amateur avanzado no está tanto en el «qué» comer, sino en el «con qué frecuencia» y en el «cuándo exactamente».

Y en todo esto, contar con las herramientas adecuadas — un bidón que funcione, un sistema de hidratación fiable — no es un capricho estético. Es una parte integral del plan.

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